Un esqueleto para la sistematización

Erika Eliana Mosquera, Jhon Jairo Hurtado y Mark Lundy

Después de 8 procesos de sistematización durante los cuales fuimos consolidando nuestra metodología, en el 2015 concluimos algo que parecía contrario a la dirección que traíamos: necesitábamos simplificar. Habíamos logrado que algunos de nuestros socios le apostaran a la sistematización, al punto de incluirla en sus proyectos desde la planeación y como complemento al monitoreo y la evaluación, pero todavía eran pocos los socios que habíamos logrado cautivar, frente al potencial de usuarios que teníamos.

Necesitábamos reducir el tiempo que invertíamos en los talleres para presentar la metodología y entrenar a los socios en su uso. Cada vez había menos espacios en los entornos laborales del desarrollo, e incluso de la investigación, para sentarse a reflexionar sobre lo que se hizo, cómo se hizo y qué se aprendió, aún si se valoraba como algo importante. Necesitábamos hacer más eficiente el proceso y al mismo tiempo, presentar a los actores una herramienta que de entrada les transmitiera la idea de que íbamos a ayudarles a hacer su trabajo, y no que íbamos a aumentarles la carga de trabajo. Entonces surgió el esqueleto… el esqueleto metodológico para la sistematización.

Estructura metodológica, preguntas orientadoras y lista de chequeo para la sistematización de experiencias.

 

Este esqueleto es una síntesis de la guía que publicamos en 2010. Es nuestra última innovación en procesos de sistematización y por eso queremos documentar cómo la usamos, para que pueda ser utilizada por aquellos que la consideren útil en su ejercicio de capitalizar experiencias y aprendizajes.

Cómo está diseñado el esqueleto

Como puede apreciarse en la figura de arriba, el esqueleto metodológico tiene cinco partes (filas). Cada una de ellas, identificada con un color diferente, corresponde a una de las secciones que tendrá el recuento de sistematización (o informe final) mediante el cual compartiremos con otros nuestra experiencia. Al mismo tiempo, estas cinco partes están ordenadas de tal manera que podamos reflexionar de forma cronológica sobre dicha experiencia, ya que parte de lo que queremos rescatar es su historia. Este elemento histórico-narrativo es muy importante no solo porque nos ayuda a abordar con orden la información y nuestra propia memoria, sino también porque es la manera natural que el ser humano ha utilizado desde el comienzo de su historia para comunicar.

Así, comenzamos en la cabeza del esqueleto con un perfil del caso, continuamos con la radiografía que encontramos antes de comenzar nuestra experiencia: la situación inicial, seguimos con lo que fue el proceso de implementación, abordamos la situación actual: los resultados que hemos obtenido, y terminamos con las lecciones aprendidas: lo que repetiríamos y evitaríamos en futuras experiencias, y por qué. Es importante anotar que las gafas del esqueleto no tienen un propósito hilarante, sino que representan el foco que voy a darle a mi sistematización (lo que otros autores llaman el eje de la sistematización): ¿Cuál es el mensaje más importante que quiero comunicar?, ¿Por qué es relevante esta experiencia?

Cómo usar el esqueleto

En la figura tenemos tres columnas: la primera corresponde a la descripción de cada parte de la estructura, la segunda corresponde a preguntas evocadoras u orientadoras que nos ayudarán a enlistar ideas (o recuerdos) sobre nuestra experiencia, y la tercera contiene una lista de chequeo para ayudarnos a no dejar por fuera nada importante cuando estemos escribiendo el reporte final. La forma en que hemos usado estas tres columnas es la siguiente. Al abrir el taller de escritura, abordamos la primera columna para explicar a los participantes lo que acabamos de expresar en la sección “Cómo está diseñado el esqueleto” de arriba.

Enseguida, los participantes se ordenan por grupos, según las temáticas o experiencias que se vayan a sistematizar (un grupo por experiencia). Entonces, entregamos 5 pliegos de cartulina a cada grupo (una amarilla, una verde, una rosa, una azul y una blanca), procurando que tengan un pliego de cartulina por cada parte del esqueleto (amarilla: perfil del caso, verde: situación inicial, rosa: proceso de implementación, azul: situación actual, y blanca: lecciones aprendidas). Con estos materiales en sus manos, los grupos procederán a abordar la segunda columna para enlistar ideas. El propósito de este ejercicio es que los grupos discutan sobre las preguntas evocadoras y, de manera escueta y resumida, escriban en los pliegos de cartulina las respuestas a estas preguntas.

Una vez los grupos han concluido el ejercicio, se comparten en plenaria los resultados, con tres propósitos: primero, que los facilitadores puedan escuchar y hacer preguntas adicionales para precisar o clarificar información desde el punto de vista de un actor externo a la experiencia; segundo, para resolver inquietudes que han surgido en cada grupo y que pueden ser comunes a los otros; y tercero, para promover desde el inicio la retroalimentación entre pares, dado que este es uno de los propósitos finales de los productos de sistematización. Este ejercicio puede tomar entre 2 y 4 horas, según la cantidad de grupos que participen en la plenaria.

Después de la plenaria se inicia la escritura de los recuentos de sistematización, para lo cual la tercera columna se convierte en una brújula. Esta escritura del primer borrador puede tomar uno o dos días más, según la disponibilidad que tengan los equipos de redacción. Si el documento no se concluye durante el taller, estos equipos necesitarán buscar un nuevo espacio donde puedan hacerlo.

 

Este texto es parte del texto escrito por Erika Eliana Mosquera, Jhon Jairo Hurtado y Mark Lundy y que será publicado como “Documentación reflexiva: Recolectando orugas para capturar mariposas. La experiencia de aprendizaje del CIAT con procesos de sistematización”.

 

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