¿Aprendiendo como facilitador? ¡Por supuesto que sí!

Yennenga Kompaoré

En enero de 2017, la CTA se puso en contacto conmigo y me pidió que formara parte de un grupo de facilitadores que trabajarían juntos como parte del proyecto llamado “Capitalización de Experiencias para un Mayor Impacto en el Desarrollo Rural”.

Tenía algo de experiencia en este campo, pero esta iniciativa parecía ser diferente. Hemos trabajado juntos durante algunos meses y ya hemos visto bastante. También hemos aprendido mucho. Y estoy seguro de que veremos mucho más en el futuro.

Echangeant idées

Hemos realizado dos talleres en Accra, Ghana (en marzo y en junio), con representantes de diferentes organizaciones que trabajan en Ghana, Nigeria y Sierra Leona. Participé en ambos como cofacilitador, lo que significó que debía ayudar a identificar a los participantes y apoyar en el proceso de planificación, interactuar con todos los participantes antes y durante las reuniones, redactar un primer informe y también contactar a todos los participantes y ayudarlos comunicarse entre sí cuando estuvieran en el campo (o en casa). También se me pidió que ayudara a preparar un proceso similar con participantes de habla francesa.

En conclusión, ¿qué significó todo esto?

En retrospectiva, “facilitar” significó ayudar a las personas a reunirse, dándoles las herramientas adecuadas para progresar juntas dentro de un período de tiempo determinado, y también trabajar juntas en la producción de un conjunto de artículos que luego podrían compartirse con otros.

Tener a una persona que pueda completar todo el proceso con todos los participantes es positivo en términos de coherencia y continuidad. Pero creo que tener un cofacilitador también fue muy útil. El facilitador principal actuó como piloto, mientras que el cofacilitador (yo) podía servir como “guía turístico”, proporcionando información adicional y prestando asesoramiento cada vez que alcanzábamos algún lugar estratégico. Lo que vi me ha llevado a pensar que siempre es útil tener a alguien que pueda ayudar a dirigir el proceso, y asegurarse de que todo siga por buen camino.

Diversas herramientas y técnicas

Teníamos una serie de presentaciones en Power Point que fueron utilizadas durante las diferentes sesiones, y que creo fueron adecuadas (nos ayudaron a compartir mucha información con todos los participantes). También invitamos a diversas personas a compartir algunas ideas y a hacer muchas preguntas – y no siempre tuvimos las respuestas. Uno de los puntos mencionados varias veces fue la diferencia entre la capitalización de experiencias y el monitoreo y evaluación (M&E), especialmente cuando hablábamos sobre el análisis y cuando intentábamos llegar a un acuerdo sobre un conjunto de criterios para este análisis. En retrospectiva, ésta es una de las áreas en las que podríamos necesitar prepararnos mejor.

En acción

Intentamos lograr que los participantes contaran sus propias historias, y también organizamos ejercicios prácticos tales como el “recette de cuisine” (receta de cocina), que nos ayudó a ilustrar el camino y los pasos de un proceso de capitalización de experiencias. También tratamos de mostrar videos cortos en diferentes momentos (¡preferiblemente al final, cuando los participantes se estaban cansando!) y descubrimos que hacer esto es muy efectivo. Encontramos algunos en la Internet que utilizamos durante la sesión sobre “adoptar e institucionalizar”, y nos ayudaron a que los participantes participaran en una animada discusión.

Algunas de las técnicas de facilitación que utilizamos funcionaron muy bien. Por ejemplo, tuvimos un muy buen “café del mundo”, donde debatimos los pasos y condiciones necesarios para institucionalizar un proceso de capitalización. También tuvimos un proceso dinámico de “revisión por pares”, que implicó imprimir cada uno de los artículos que estaban siendo redactados 5 veces, para de esta manera recibir los comentarios de muchos de los presentes. Aun así, creo que podríamos haber pensado en muchas otras técnicas para involucrar a todos los participantes, centrándonos en aquellas que habrían aumentado su participación. Tal vez fuimos mucho mejores en lo que se refiere a la logística y la preparación del taller que en el uso de técnicas específicas, a pesar de que éstas nos podrían haber ayudado durante el taller. Producir una guía para facilitadores podría ayudar.

Durante el primer taller no imprimimos formularios para los ejercicios prácticos que queríamos hacer con todos los participantes (por ejemplo, describir el caso o analizarlo). Esto no nos pareció tan importante al principio, pero luego fue difícil deducir lo que los participantes habían hecho al terminar, ya que cada uno de ellos lo hizo a su manera. Sugeriría tener un formulario impreso para cada ejercicio. Pero algo que sí funcionó fue hacer que los participantes contribuyeran al proceso de facilitación, con un “comité de cogestión” diario, a cargo de administrar el tiempo, tomar fotos, ayudar a abordar temas clave y preparar un informe diario.

Facilitar desde lejos

El proceso que iniciamos en Ghana también demostró que el trabajo de un facilitador no se limita a los talleres: la mayor parte de este trabajo se realiza antes de ellos y también después de que todos los participantes se reúnen. Por ejemplo, es muy importante que el facilitador tenga una lista clara de quienes van a participar y notas escritas sobre lo que [van a hacer]. ¡Parece obvio ahora, pero yo no las tenía cuando las necesitaba! La segunda lección más importante se refiere a la necesidad de planificar todo el proceso y decidir/escribir por anticipado los mensajes que queremos compartir a través del correo electrónico. Como trabajábamos con participantes que cubrían temas y casos diferentes, pensamos en un debate en línea que cubriese un tema específico al comenzar cada semana (la selección y los límites de una experiencia; cómo recopilar información; el análisis; el proceso de redacción). Haber planificado esto con anticipación hizo que funcionara. El problema fue que, con el tiempo, la participación se diluyó un poco. Al no recibir reacciones de muchos participantes, era difícil saber si lo que estábamos haciendo era lo correcto. Y en los casos en que los participantes sí respondieron, muchos esperaron hasta el último minuto, por lo que fue difícil reaccionar a lo que decían. Pero el intercambio sí conectó a los participantes entre sí y los ayudó a compartir información.

Después del taller se nos presentó otro desafío: descubrimos que tener participantes que trabajan en casos muy diferentes hace que sea difícil darles comentarios relevantes. En retrospectiva, sentimos que podría ser más fácil si los participantes se enfocaran en un tema común. ¿O tal vez en una experiencia común? Es posible que en ese caso no pudiéramos tener una larga lista de publicaciones, pero podríamos ser mucho más eficaces en lo que se refiere a discusiones y a un intercambio general entre los participantes.

Una experiencia de aprendizaje

En conjunto, ésta ha sido una muy buena experiencia de aprendizaje. Participar en estos talleres como cofacilitador es una muy buena manera de aprender antes de asumir el liderazgo de un taller.  Si no es posible organizar una sesión de capacitación para capacitadores, sugeriría a los aspirantes a facilitadores a que se unan a quienes ya están apoyando un proceso de capitalización de experiencias. Y también podríamos pensar en una iniciativa de orientación o tutoría a distancia.

 

 

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